Se llama Pilar y su espíritu permanece joven frente a los años y las desdichas. Cada mañana se levanta. En la cama de siempre, vacía desde hace lustros. Un café, ducha, la radio de fondo, y vuelta a empezar desde el silencio de una casa que un día fue hogar. Día tras día, para hacer la compra o asistir a la sesión plenaria, sus guardaespaldas la recogen en el portal, con puntualidad inglesa, sin moverse un ápice de la rutina marcada por la amenaza. Pero antes… ¡ay antes¡ Desde hace meses bajar a la calle es un suplicio, porque ahí está él, estático tras la entrada de su nuevo negocio. Rodeado de afilados cristales que reflejan el disparó que sesgó la vida de su marido en 1980. Lo hizo el cristalero, antes carpintero, hoy supuestamente redimido de su culpa, pero que todavía no ha pedido perdón a la viuda que vive sobre su negocio, la concejal del Partido Popular que este año ha logrado junto a su compañero socialista un despacho en el Consistorio de Azkoitia. Pilar Elías, la misma que ha de repartir votos por correo en una pescadería clandestina y entre papel de periódico, o propaganda política camuflada en calendarios de la Champions League. La misma que cada mañana tiene que cruzarse irremisiblemente con el etarra que asesinó a Ramón Baglietto, su esposo. La misma que asegura no abandonará su pueblo, porque su pueblo es. “Muy bien ama”, le dicen sus hijos. Muy bien Pilar, le digo yo, mientras pienso qué puede fallar en un sistema judicial que permite que la humillación cotidiana de las víctimas del terrorismo.
Gus — 21-12-2005 18:24:07
Carlos — 21-12-2005 20:49:58
Jimmi Chuck — 05-01-2006 09:33:28
Bandolero — 06-01-2006 04:30:58
Pedrolo — 01-02-2006 18:51:13