El temido frío siberiano ha llegado a Pekín. Adoptaré un tono catastrofista-polar y diré que sí, que en mi vida había pasado tanto frío. Ayer incluso empezó a nevar, pero el sol de Oriente, que rara vez falla aunque siempre aparece en tono apocalíptico, acabó en unos minutos con la fina capilla blanca que la noche había dejado. Yo, que soy hombre de sofá y pandereta, he decidido salir de la madriguera, y me he apuntado a la piscina, porque al mal tiempo, buena cara. Unos van a Mongolia, otros a la piscina.

Dos minutos después de salir de casa me he puesto el gorro del abrigo hasta la nariz, porque se me estaba helando la pituitaria. Menos mal que el complejo universitario-hotelero-bancario donde está la swimming-pool queda a ocho minutillos de nada (pedante cronómetro). He entrado al pequeño edificio de veinte plantas y tras ver un cartel de la piscina en en hall, he subido guiado por mi excelente orientación a la última planta. La piscina estaba en el hall, entrando a mano izquierda. Así que he bajado.
En la recepción me han atendido tres bellas señoritas, tan bellas chinitas que ya he empezado a pensar mal de la piscina, vay a ser que fuera una piscina sorpresa llamada sauna turca o algo por el estilo. Pero no, simplemente eran las encargadas de la piscina. Tras la media hora de rigor jugando al Pictionary y al Ahorcado para hacerme entender (es el problema de no saber chino, por el momento...) me han hecho una magnífica oferta de 90 euros por tres meses. Abre a las 6 de la mañana, que es cuando van Luis del Olmo y Jiménez Losantos, y cierra a las 23.00. Como no tenía bañador, he decidido cogérselo prestado a mi buen compañero de piso (el aburrido que se ha ido a Mongolia acompañado de una mongola). Bueno, miento, yo sí tenía bañador, pero era una bermuda a lo Vanilla Ice que he preferido obviar. La alternativa, un tanga Speedo negro de esos de Ian Thorpe o Martín López Zubero.
Una vez en el vestuario, tras las correspondientes mofas de las recepcionistas al ver mi foto para hacerme el carnet, me he visto rodedo de cien taquillas y un auxiliar de taquillas. Yo buscaba las "casetas" para cambiarme, pero no, para machotes los chinos. Así que he procedido a ponerme mi bañador olímpico y a meter ropa y bolsa en un cubículo de apenas 50 cm2. Pero había un serio problema, no tenía gorro ni gafas, así que he tenido que adquirir un par en la recepción, gorro gris gadas miel, como un Alessio Bogiatto cualquiera. Ah, y se han mofado de mi bañador. La irrupción "occidental en tanga" se ve que hace bastante gracia por estos lares. Nada en comparación con mi llegada a la piscina.
Menos mal que he adelgazado algo de tripa desde que llegué a China, porque si me llego a plantar con la bartola de septiembre, me echan directamente. Al grano, entro en la piscina, y las 10-15 personas dejan de nadar y se me quedan mirando. Yo pensaba que habría bañadores profesionales, pues no, todos eran de estos modernos de malla de ciclista y la madre que os parió. Incluso había un viejo con bermudas de McHammer. Apretando abdominales y haciéndome el campeón de España de 100 metros mariposa, me he introducido en el vaso... y me he resbalado dentro del mismo. Siempre me había resbalado en el bordillo, pues no, hoy me he resbalado dentro de la piscina, algo incongruente y absurdo.
En ese momento sólo faltaba una cosa: que se me hubiera olvidado nadar. Pero no. Gracias a Dios he sacado el anfibio que llevo en mi interior y, como si de la Milla de Rota se tratara, les he deleitado con unos largos que han acallado los rumores de tongo. Que tiemblen los chinos de la piscina de la Beijing Normal University, ha llegado e nuevo Spitz Weismuller, y hasta los JJ.OO. quedan tres años. No descarto nada, quizá la natación me haya estado esperando estos años.
TULA — 04-12-2005 16:12:38
Carlos — 04-12-2005 18:39:17
Milli Vanilli — 07-12-2005 18:05:48
eMeOeLe — 12-12-2005 15:31:20
pedazogeo — 22-12-2005 17:44:50