Varios protagonistas de primera fila del panorama periodístico español presentarán en breve una queja formal en el Parlamento Europeo ante la posibilidad, cada vez más factible merced a los movimientos tripartitos, de que la Generalitat catalana cierre las emisoras de la COPE en la Comunidad Autónoma Catalana.
Entre otros, el director del diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, el europarlamentario popular Luis Herrero, y el director del matinal de la cadena episcopal, Federico Jiménez Losantos, todos ellos profesionales reconocidos -y bien discutidos por el gobierno actual- se enfentarán a la jugada que planean Carod Rovira y Maragall con el beneplácito de ZP: eliminar cualquier voz discordante en la región, amparándose en una normativa que sanciona actos como la emisión de películas pornográficas en horario infantil. Churras y merinas bien confundidas.
De confirmarse dicha acción, nos encontraríamos ante un atropello al derecho a la libertad de expresión. El gobierno catalán, ampliamente representado y apoyado en el espectro mediático autonómico, daría un paso más allá, eliminando de un plumazo a la competencia, erigiéndose en portador de una verdad única y suprema, la que dictamine una especie de comité audiovisual catalán destinando a dilucidar quién miente o no. En otras palabras, acabarían con la mosca cojonera, un objetivo que les ha llevado, junto al PSOE, a pisar las reaccionarias dependencias del Vaticano.
La COPE, con Losantos y Vidal, al frente, podrá gustar o no. Igual que la SER de Francino, la ONDA CERO de Herrera, o Punto Radio y Del Olmo. Defienden diferentes visiones de la realidad política, económica y social, cada una desde su frente. Pero ninguna comete crímenes de la humanidad, como el Tripartito pretende hacer creer con la COPE. Especialmente en el caso de Losantos, satanizado actualmente por el progrestrato social de España, ¿dónde se han dejado las querellas y denuncias contra él? El taliban de sacristía -como lo llama veleta Del Olmo- dice no contar con ninguna invitación a los juzgados. Nada más lejos de lo que espera al cordobés Montilla, ministro de Industria, Comercio y Créditos Condonados.
Semejante campaña contra la libertad de prensa -estalinista y fascista al mismo tiempo- sólo merece una cosa: el mayor de los desprecios, más aún cuando pretende ampararse en la democracia. En otros regímenes dictatoriales, por lo menos, no tienen la jeta de llevar el juego democrático por bandera, aunque en uno que yo me sé presentaron recientemente el Libro Blanco de la Democracia.
Cataluña, como China.
Alejandro Arrieta — 01-12-2005 01:16:52
Carlos — 01-12-2005 11:08:48
Experto corrector — 02-12-2005 05:19:15
Carlos — 02-12-2005 12:59:22