Atestados. Apiñados. Hacinados. Tienen conciencia de masa, por eso no respetan aquello de "dejar salir antes e entrar". Las puertas se abren. Ji Shui Tan Taola. Y empiezan las corrientes de amarillos. a salir y a entrar. Todo envuelto en ese olor que al cabo de las semanas he empezado a dejar de distinguir. Resulta curioso cómo el olfato llega a adaptarse. Quizás cuando vuelva a la Comarca empezaré a oler a refinería y no podré soportarlo, y se me acercara la vecina y no podré soportarlo, y me servirán un café y me resultará peor que los termos con hojas verdes que los han llevan a todas horas.

Un pitido, y las puertas se cierran, y los ventiladores vuelven a girar. Un inglés ininteligible anuncia la parada después del putonghua y adelanto, dos minutos y medio hasta GulouDajie. Algunos te observan, algunas sonríen y mascullan entre dientes, para otros eres el primer occidental y el último que veran en su vida, ya que sólo están por un día en Beijing, para volver luego a su pueblo. Tan cerca, tan lejos. Cuántas diferencias entre unos y otros. Cuánto extremismo social.
El supuesto despertar del dragón genera notables dudas en mi frágil conciencia...